Concierto Versos viejos en voces nuevas

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Este concierto es producto del trabajo de todo un curso escolar con los alumnos del bachillerato de Artes Escénicas, de la asignatura de Lenguaje Musical, que hasta hace no mucho tiempo se llamaba “solfeo”.

Digo esto porque los nombres tienen siempre su aquel, pero acaso no siempre aciertan a expresar la cosa nombrada que perseguimos.
En este caso, pienso que no hay lenguaje musical sin un instrumento, y nuestro instrumento más universal es la voz.
La voz es, además de un posible instrumento musical, un termómetro de nuestro ser. Ahora que se habla mucho de la autoestima y de las emociones es momento de reclamar la atención debida a la educación de la voz: es la educación de nuestro cuerpo, de nuestra respiración, de nuestros músculos; es un ejercicio físico, implica una concentración intensa –ejercicio racional- y acaba al servicio del arte, donde empiezan a discriminarse los infinitos matices debidos al mandato artístico.
Ahí empieza el encuentro, nunca predecible, del cantor con la obra.
Preparar un repertorio medieval puede parecer anacrónico a algunos. A mí me parece una suerte poder contar con un repertorio que nos trae lo que fue el origen de la música occidental y contar también con la frescura de unos alumnos que tienen menos prejuicios que muchos adultos. Su entrega generosa, a pesar de las protestas (que invariablemente todos hacemos cuando se nos exige a determinada edad), me sigue alentando a buscar ese espacio único de la monodia, en el que la solidez de la piedra tallada en arco y el canto de un pájaro se suman y apuntan al misterio profundo de la simplicidad.
Cuando el musicólogo José Luis Ochoa de Olza (a quien tanto debo el descubrimiento de la obra alfonsí) grabó algunas cantigas de Santa María hace ahora más de cuarenta años, se colaron unos trinos de pájaros que los técnicos de sonido no quisieron eliminar, decía la carátula de aquel
vinilo. Era el ambiente del claustro donde se grabó. Era aquella calma, aquel silencio. No
se puede expresar mejor el significado de una música. En el silencio aleteado del claustro y
el vergel un trovador canta la belleza de un mundo bien hecho.
Y dar el salto, por último, a la primera polifonía es atisbar la riqueza de ese mismo mundo. Las voces distintas pero armonizadas, la construcción vital que el rígido y severo orden de la afinación impone es una experiencia que esperamos poder explicar mejor con el propio concierto.
El alumno, sólo con su voz, se encuentra a sí mismo de nuevo. Fiado de un arte que, después de siglos, ha traspasado el implacable dictamen del tiempo, que no tiene piedad con la superficialidad. El canto viene a unir por lo más sagrado: nuestra condición de hombres llamados a la esperanza.
Javier Horno Gracia
(Profesor en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Corella)
Folleto Concierto Versos viejos en voces nuevas en Ateneo
Critica Concierto en Diario de Noticias

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